publicación de Publicación reblogueada desde whatever else is there con 6 notas
Estoy muy triste. ¿Será que este es mi estado mental permanente, y que cada vez que me siento feliz me estoy engañando? Eso es lo que parece ser, últimamente…
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Fuente: simplementealguienmas
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Con el agua pegándome los pies,
rezo.
Rezo aunque no haya nadie a quien rezar,
tan solo como un acto impreciso y solitario,
como la misma condición humana.
Tan imperfecta.
Me asusta.
Son días como los de ayer los que resuenan
en mi mente casi como un tumor,
maligno;
con esa inconsistencia con la que invade la depresión—y destruye.
Me entristezco.
Pero me entristezco tanto que de nada me sirve volver a mi cabeza,
consciente y despierta,
tras observar ese fatal deseo
tan fuerte,
tan inconsistente e irracional,
que comporta la idealización de mi muerte;
goodbye.
Tan frágil,
tan fácil y estabilizadora,
como un sofá elegante que yace tranquilo,
sin prisas, ni ambiciones,
ni terremotos que descontrolan el alma,
que sufre a cada latido,
a cada pensamiento que conduce al despido irreemplazable,
de mi consciencia,
de mi inconsistencia,
silenciosa y pacífica…
sencilla.
No sé si todo esto
significa que la vida me pesa
tanto que,
no importa lo que haga para cambiar mi entorno,
ya que
siempre regreso
al mismo punto de bullición,
en el que exploto sin excepción
y me dejo aplastar
por una vida imperfecta y,
todavía,
imposible de escapar.
Si no fuera por la primavera…
¿No podría pedir uno la muerte como receta
sin que el mundo se derritiera
en lágrimas de dolor
que quitarían otras vidas destruidas
de aquellos que me querían
a mi alrededor?
publicación de Enlace reblogueada desde whatever else is there con 8 notas
Con 16 años, tan solo,
te robaron la inocencia.
Te criaron de tal forma,
que no pudiste llorar.
Te acusaron de tal forma,
que culpable te sentiste
por el delito que tú sufriste,
por ser una niña de tu edad.
Niña naciste,
como una broma cruel.
Con ese sexo equivocado,
mujer.
En este país, está duro
Publicación con 2 notas
Sí, señores y señoras, soy una mujer. Hace años que pienso en este tipo de identificación y, realmente, me ha costado mucho llegar a esta conclusión. El estigma que recibe una desde que nace por no cumplir los requisitos adecuados para ser una chica fueron de gran importancia en mi infancia y adolescencia. No me interesaba jugar con muñecas, comprarme vestidos, o jugar a “madres y padres”. Tampoco me preocupaba lo más mínimo la idea de tener una ceremonia de boda—de hecho, me aburría la idea de un día como ese profundamente. Prefería apuntarme al equipo de fútbol, hablar de lo ridículas que eran las chicas del cole, y vestirme con chándal. Nunca tuve un sentido de la moda. Nunca supe combinar los colores de mis conjuntos de forma “correcta”, y la idea de besar a chicas me parecía más apetecible que la de estar con chicos. “A lo mejor eres lesbiana”, me comentaban mis compañeras de clase. “Crecerás y se te pasará todo esto”, me decían las personas mayores.
Otro aspecto que me hacía dudar era que, de pequeña, tocarme era algo que parecía feo, como si estuviera haciendo algo que me enviaría directamente al infierno. O, al menos, eso es lo que las monjitas de mi colegio junto con mi àvia me querían hacer pensar. “Eso está feo”, me decía mi àvia, “las niñas buenas no hacen estas cosas”. Pero, la verdad, como niña católica y de buenas maneras, no entendía muy bien cómo Dios querría prohibir algo así, tan placentero y sin ninguna repercusión externa.”No es que vaya a tener un hijo”, pensaba. Los niños de mi cole, por otro lado, podían tocarse tanto como querían. Aunque no se veía como el mejor ejemplo, todos esperaban eso de los chicos, pero no de las niñas como yo. “A lo mejor debería haber nacido niño”, reflexionaba. Mi falta de actitud femenina y de amistades femeninas me ayudó —tanto a mí como a mis padres— a aceptar mi rareza. Además, era un ángel en todo lo demás: me comportaba de forma envidiable en la mesa y nunca decía palabrotas.
Por muchos años, denegué mi identidad como mujer. Las chicas de mi clase me parecían bastante tontas y, por desgracia, yo les parecía a ellas demasiado “marimacho” y como si fuera parte del sexo opuesto. A veces me sentía casi como una traidora, como si hubiera abandonado mi solidaridad de género y fuera parte del enemigo.Y, en cierto modo, todas tuvimos parte de culpa en este inicio tan difícil.
Con 23 años de edad, sigo sin combinar los colores, y sigo sin interesarme por celebrar mi día de bodas. Sin embargo, sé que todo eso son ideas impuestas por la clase dominante hacia la mayoría de la sociedad sobre lo que significa ser mujer. Pero yo soy mujer. Me encanta tener un cuerpo de mujer. Me siento privilegiada y oprimida a la vez por ser de este sexo, atacada por esta sociedad capitalista que me relega a un papel de madre y de ama de casa, papel que pienso cumplir colectivamente con los hombres, mujeres y l@s queer que estén a mi alrededor si así lo decido, independientemente de lo que se espere de mí.
Es por esta razón por la que celebro este día con tod@s mis compañer@s feministas que trabajan para conseguir un mundo sin sexismo, racismo, calentamiento global e injusticia social en general. Adelante, compañer@s! Tenemos mucho que celebrar.

publicación de Enlace reblogueada desde whatever else is there con 2 notas
Desde que me metí de lleno en el activismo, mi vida ha sido un no parar. Dos reuniones semanales, un par de días en la calle hablando con gente de a pie, miles de e-mails y conversaciones intensas, además de un vuelco emocional bastante fuerte. La universidad ha tomado un segundo plano en lo que…
Publicación con 1 nota
Fuente: publico.es
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recuerdo los ojos de tinta oscura y, con ellos, se me desviste el cuerpo de cortinas y de escayolas
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Foto-pintura on Flickr.
Y nos encontramos en situaciones de permanencia eterna, sin museos a nuestro alrededor
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